lunes, 8 de julio de 2019



La primera declaración del día fue la de la abogada Luciana Milberg. Lo hizo por su tío, Raúl Milberg, uno de los militantes de la Contraofensiva que permanecen desaparecidos. Luciana ya participó en juicios de lesa humanidad, pero lo hizo desde otro lugar, como abogada querellante. (Por Fabiana Montenegro para El Diario del Juicio*) 

Foto de  portada: Luciana Milberg al finalizar su testimonio, con la foto de su tío y la rosa tejida. (Fabiana Montenegro/DDJ)


“Raúl Milberg es el número 7 en las caídas de febrero de 1980”, cuenta su sobrina, Luciana, en una de las mañanas más frías de las audiencias que se llevan adelante por la causa Contraofensiva. Es la primera en declarar, y enseguida la sala se caldea cuando el defensor oficial, Lisandro Sevillano, intenta desestimar su testimonio: "Está alegando”, señala.

No le voy a hacer ninguna observación responde el presidente  del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers—. Lo que le voy a contestar al caso es que usted bien lo sabe que todas las personas tienen una deformación profesional. Los abogados dice en referencia a la profesión de Luciana Milberg, quien, entre otras causas, participó en el juicio por los crímenes cometidos en El Vesubio, como parte de la querella del CELS tendemos a la reconstrucción a partir de documentos, y la señora lo primero que dijo fue que es abogada y que hizo una reconstrucción familiar a partir de documentos. No veo motivo alguno para llamar la atención. Usted dice "Yo no sé qué va a decir". Yo tampoco. Hay que dejarla seguir.
Yo quiero aclarar dice Milberg que voy a centrarme en la reconstrucción que hice a través de estos documentos. Lamentablemente todos los integrantes de este grupo están desaparecidos. No tengo información personal. Es gracias a estos documentos que voy a comparecer en el caso de mi tío.

Milberg lleva en su pecho la imagen de Raúl y la flor roja tejida a mano, como muchos de los que han testimoniado hasta ahora, aunque a veces le resulta difícil separarse de su rol de abogada. “Es llamativo la forma cómo funcionaba el circuito de la inteligencia –reflexionará más adelante en relación con uno de los documentos que involucra a Raúl en el atentado contra Guillermo Walter Klein, por entonces Secretario de Programación y Coordinación Económica del equipo de Alfredo Martínez de Hoz-.  Esto no lo vamos a saber porque no le ofrecieron un juicio ni a Raúl ni a los compañeros, como el que gozan los imputados. Pero he sabido a través de notas del juicio y demás, que hay una defensa que viene interrogando acerca de lo que los compañeros pudieron o no haber hecho; sé que el tribunal, la fiscalía o la defensa, le han hecho saber que no es algo que tenga que ver con el objeto procesal de esta causa. Pero no es que la defensa lo desconozca, hacen preguntas que no son inocentes, ni inocuas, preguntas que son lanzadas al aire sobre personas que no están acá para defenderse, tratando de reflotar la teoría de los dos demonios para justificar el accionar represivo. Yo no soy quién para juzgar la estrategia de la defensa, pero…

Está alegando la interrumpe el juez, esta vez dándole la razón a Sevillano.
Como familiar quiero decirle al defensor que ojalá, daría cualquier cosa yo, y el resto de los familiares, porque ellos estuvieran en este momento siendo juzgados. Esto no es posible porque en lugar de ofrecerles un juicio, fueron secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos.

No solo están los apodos en los documentos sino que está consignada la vida y obra de estas personas. En el caso de Raúl, la información que obtuve, a partir de comentarios de compañeros, sobre su militancia, en el documento de inteligencia está plasmada a la perfección,  no hay error. Es algo que solo pudieron obtener a partir de un interrogatorio directo a Raúl”, cuenta y solicita leer algunos párrafos: “NG (nombre de guerra) Ricardo y el teniente, NL (nombre legal)  Raúl Milberg. Funcionaba en el grupo TEI a asentarse en la zona 4. Fue detenido el  28 de febrero de 1980, a raíz de un procedimiento en una casa alquilada por miembros de la BDT (banda de delincuentes terroristas). Fue militante de la agrupación territorial de la JUP, zona oeste de Capital Federal. Salió del país en octubre del  ‘77 siendo subteniente. Queda vinculado a la Secretaría de la estructura militar en el exterior. Hace comunicaciones de la misma durante los atentados del Mundial 78 desde España. Es trasladado a México, vinculado a la Secretaría Técnica de la BDT. Pasa a hacer instrucción militar en el Líbano en abril ‘79 hasta mayo ‘79.  Ingresa al país con el grupo 1 TEI (Tropas Especiales de Infantería). Según se consigna acá, habría participado en el atentado contra Klein. Sale del país y regresa con el grado de teniente el 5 febrero del '80. Fue secuestrado el 28 en una casa alquilada por la BDT Montoneros”.

Operación guardamuebles

El 21 de febrero de 1980, tras el secuestro de Ángel Carbajal en el guardamuebles de la calle Malaver al 2800, en Olivos, se sucedieron otras caídas en cadena, como cartas de un naipe que se desploma: Julio César Genoud, Mariana Guangiroli y Verónica Cabilla, el 27; Ernesto Emilio Ferré,  Miriam Antonio y Raúl Milberg, el 28; Ricardo Marcos Zúcker, Marta Libenson y Matilde Rodríguez, el 29.
Estas operaciones en los guardamuebles pregunta el Juez, ¿eran habituales o fue en ese caso puntual?
No. La orden de operaciones de inteligencia del ejército explica que, a partir del hallazgo de un guardamuebles donde se encontraron armamentos, se dispuso la inspección de todos los guardamuebles existentes en las distintas jurisdicciones porque suponían que debía haber más. Y, justamente, es en el de Malaver, donde va Carbajal y la Inteligencia ya estaba.

Milberg pudo saber más acerca de este episodio gracias a la investigación que realizó Ana María Ávalos, mamá de Verónica Cabilla.  Supo así, por las cartas que Verónica le enviaba a su madre, que Raúl se instaló con ella, Ángel Carbajal y su pareja Matilde Rodríguez, en una casa cercana al cementerio y al guardamuebles de Malaver. Ávalos logró ubicar la casa y hablar con la dueña y su mamá, una señora ya mayor. La propietaria reconoció a los compañeros en las fotos que Ávalos le mostró y le comentó que “habían vivido ahí, en un momento abandonaron la casa. Hacia el 20 de febrero la llamaron y le dijeron que iban a volver a instalarse en la propiedad”. La dueña también le contó a Ávalos que “un día, su madre vio a Raúl en la puerta, afligido, y después no los volvieron a ver. Le llamó la atención porque no habían avisado que se iban”. Según su relato, “cuatro o cinco días después, un grupo de militares va a la casa, ingresan al lugar –ellos tenían la llave-, saquean todo lo que había en el departamento y le dicen a la dueña que ya puede volver a alquilar la casa porque a las personas que vivían ahí no las iban a volver a ver nunca más”.
“Me gustaría hacer una apreciación personal -agrega Milberg-. Quizá no sea una particularidad de esta causa porque la contraofensiva no se caracteriza por los saqueos a las viviendas, pero sí era una característica particular de todos los operativos que realizaban las fuerzas. En la mayor parte de ellos, ocurría que los llamados ‘salvadores de la patria’, además de secuestrar, asesinar y torturar, también robaban. Eran ladrones de mayor o menor monta. En algunos casos se llevaban la cafetera, o se quedaban con la propiedad; en otros casos más grandes, con una papelera”. Todas las personas allí entendemos la referencia a Papel Prensa.
“Ana me contó -continúa Milberg- que también pudo ubicar al dueño del guardamuebles de la calle Malaver, Víctor Graciano Crifacio. Su declaración está incorporada al debate porque él declaró en el Juzgado federal 4 ante el Juez Lijo”. Crifacio, movido por “su deber como cristiano”, le contó que en enero del ‘80, un grupo de Inteligencia del Ejército fue al guardamuebles y lo acusaron de ser terrorista y de colaborar con las organizaciones guerrilleras. En principio lo detuvieron a él. Después se dieron cuenta de que no tenía nada que ver y lo liberaron, pero le dijeron que se tenía que ir. Que ellos se iban a quedar a cargo del lugar. Él se fue a Mar del Plata y la Inteligencia del Ejército se quedó cuidando el guardamuebles. “Eso explica cómo, a partir de enero, el jefe del ejército se quedó allí y cuando Carbajal llega, en febrero, es detenido. Y a partir de ahí vienen las caídas. Tiempo después lo llamaron y le dijeron que ya estaba, que podía volver”.

Top secret

“Hay una prueba contundente”, dice Milberg, y todavía tiene más para contar. Mucho más. Se trata de un informe fechado el 7 de abril de 1980, que hace Maxwell Chaplin, alto funcionario de la Embajada de EE.UU. en Argentina, donde le cuenta al embajador estadounidense que mantuvo una reunión con una alta fuerza de Inteligencia del Ejército Argentino. En esa reunión se le preguntó jocosamente sobre qué había ocurrido con los dos montoneros secuestrados en México y Río, en referencia a Horacio Campiglia -quien comandaba el grupo TEI- y Mónica Susana Pinus de Binstock. La fuente de inteligencia le responde que se lo va a contar pero es una información estrictamente secreta y confidencial, top secret.
El documento detalla que, a partir del secuestro de otro militante, presumiblemente Ernesto Emilio Ferré Cardozo, la Inteligencia pudo obtener información, bajo tortura, de la cita. El Batallón 601 se contactó entonces con su par en Brasil y le pidió autorización para operar en Río y así detener a Campiglia y Pinus. Para evitar alertar a Montoneros de estas caídas, tomaron los documentos falsos que tenían, y registraron en el hotel a dos argentinos que estaban en Brasil con esos nombres. Tanto Campliglia como Pinus fueron capturados vivos y volvieron a Argentina en el C-130. “Estos dos montoneros están actualmente bajo custodia en la cárcel secreta del Ejército Campo de mayo”, reconoce el documento.
El mismo documento da cuenta también de otros 12 miembros del grupo TEI que fueron capturados vivos por las Fuerzas de seguridad, en conjunto con la policía, cuando intentaban “re-infiltrarse en el país”. Lo hicieron simulando operativos de control migratorio. “Una vez que el montonero era subido al auto para ser trasladado por la policía, Inteligencia militar se hacía cargo y transportaba al montonero a su cárcel secreta  en Campo de mayo”, explica.
“Los datos propios –dice Milberg como cerrando un círculo- coinciden con los documentos de Inteligencia del Ejército.  Pero sobre todo, el modo en el que los documentos reflejan el nivel de detalle de conocimiento de las actividades que la organización estaba desarrollando –insisto- únicamente pudo haber sido obtenida a través de interrogatorios bajo tortura. Por otra parte, ninguna de las unidades de inteligencia actuaba de manera autónoma. La Inteligencia funcionó durante la dictadura mancomunadamente, en una suerte de reloj donde se retroalimentaba la información entre las distintas unidades, se colaboraban para poder continuar con el circuito de secuestro, interrogatorio bajo tormento para obtener nombres para nuevas caídas y así sucesivamente”.

Nominar las cosas 

Al hacer referencia al testimonio de Nelson González, el exmilitar que declaró en audiencias anteriores sobre los fusilamientos de Frías, Zúcker y otras 2 personas secuestradas en Campo de Mayo, y donde dio detalles sobre los vuelos de la muerte, Milberg reconoce: “a mí me pasa algo, una particularidad sobre el genocidio: siento que en lo que es la dimensión se pierde la perspectiva real de las cosas. En conceptos tan amplios y genéricos uno no toma dimensión de lo que está hablando. Siempre recuerdo el texto de Pilar Calveiro (sobreviviente de la ESMA), una politóloga muy reconocida y pareja de Campiglia. Ella citaba una frase de Todorov: ‘Un muerto es una tragedia, un millón de muertos es una información’. Me parece que por muy oido que sea, porque todos  sabemos de lo que hablamos cuando nos referimos a los vuelos de la muerte, no hay que perder la magnitud de las cosas. Las personas imputadas están acusadas por secuestros, torturas, pero además, después de todo eso,  de haberles colocado inyecciones, subirlos a un avión y en esas condiciones arrojarlos al mar o al río, tal vez. Es algo que tampoco sabemos todavía porque no conocemos el destino final de nuestros familiares. Menciono esto por muy obvio que parezca porque me gusta nominar las cosas por lo que son”.
Otra evidencia, varias veces mencionada en este juicio, es  el legajo del Jefe de la Sección de Operaciones Especiales, el Mayor Eduardo Stigliano, que en un reclamo administrativo reconoce su actuación como miembro del Comando de Institutos Militares, en la ejecución de alrededor de 53 personas, durante los años 1979 y 1980, que fueron arrojadas al mar (en coincidencia con el testimonio de González); y haber participado directamente junto a personal a sus órdenes, en la detención en Río de Janeiro de “Petrus” (Campiglia) y de Mónica Susana Pinus, e indica que fueron llevados a Campo de Mayo.
También aportó información sobre el testimonio que Raimundo Oscar Monsalvo brindara en 2006 ante el Juzgado Federal Nº 4. Monsalvo relató que a principios de 1980 prestaba servicios en el Comando Radioeléctrico de San Martín, y que a fines de marzo de ese año fue enviado al destacamento de inteligencia de Campo de Mayo. Lo llevaban diariamente a hacer operativos migratorios con otras personas, que luego se enteró que eran montoneros que bajo tortura eran enviados a  marcar a otros. Allí vio varias veces a Zucker, Viñas y a “la negra”. En un momento, cuando dejó de ver a Zucker, preguntó qué había pasado con él y le dijeron que "había pasado a mejor vida".
También habló de Víctor Basterra, quien durante prolongado su cautiverio en la ESMA (‘79/`83), se enteró a través de Alcira Macchi que la habían llevado a Campo de Mayo, donde había alcanzado a ver cerca de 50 compañeros, y que entre ellos estaba Campiglia). Y por último, le entregó al Tribunal un material que obtuvo a través de Hernán Confino, un historiador que realizó su tesis doctoral sobre Contraofensiva. Antes, Milberg explicó que el origen de esa documentación -que consiste en los interrogatorios que les habrían hecho a los militantes detenidos en Campo de Mayo- fue a través de Marcelo Larraquy, autor de Fuimos Soldados, que a su vez la obtuvo del archivo del investigador Roberto Baschetti. Con respecto a esto último, Hernán Corigliano, defensor del genocida Norberto Apa,va a preguntar: “¿Usted sabe qué información publicó Baschetti sobre la supuesta participación de su tío en el atentado de Klein?”. Al final de la jornada, la fiscal Sosti pedirá que se llame a declarar a Baschetti. El tribunal deberá resolver sobre ese punto en la próxima audiencia.
Antes de finalizar su testimonio, Milberg, que tiene tatuado el pañuelo de las madres en su muñeca izquierda, y las uñas prolijamente pintadas de rojo, dice: “lo poco o mucho que puedo aportar es solo una parte de la historia. Y no es porque haya una historia o una verdad alternativa, está muy claro en los documentos. Lo que falta, lo que nos falta a todos, es conocer el final de esta historia. Dónde están los cuerpos de los compañeros y compañeras. Esta respuesta no la puedo dar yo ni ninguno de los testigos. Esta respuesta la tienen los imputados, que después de 40 años siguen callando. Por último, yo nací el 23 de marzo de 1982. Nací en dictadura, incluso todavía había compañeros y compañeras secuestrados, todavía faltaba Malvinas y sus muertes. Pero crecí en democracia, una democracia frágil que al día de hoy todavía es dolorosamente incompleta, pero democracia al fin. Siento que esa posibilidad se la debemos a los compañeros y compañeras que pusieron el cuerpo y salieron a luchar cuando había que hacerlo, se lo debemos a las Madres, a las Abuelas que todavía buscan a sus nietos. Esta declaración, además de una obligación, es un acto de profundo agradecimiento hacia todos ellos. Todos nosotros tenemos una deuda con ellos, con la verdad, la memoria y la justicia. Espero que el Tribunal y este juicio puedan ayudarnos a saldar. Y a sanar.”
Milberg se levanta en medio de aplausos, de cara a la audiencia. Se saluda con la fiscal Gabriela Sosti, con quien compartió otras causas. Es Milberg, la abogada, la sobrina; es Luciana. Sonríe satisfecha. Deja ver la foto de Raúl por sobre su chaleco sin mangas. Y se va para convertirse en  la compañera a la que todos abrazan.

*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

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