viernes, 19 de marzo de 2021




El ex Jefe del Estado Mayor del Ejército en los 90 fue citado por la defensa del imputado Ocampo. Minimizó la participación de su fuerza en el genocidio. Admitió que conocía la existencia de El Campito, mientras fue parte de la Escuela de Artillería que funcionaba también en Campo de Mayo. Sin perder nunca su habilidad oratoria, carraspeó en varias oportunidades, titubeó en otras y volvió a automarginarse del esquema represivo de aquellos años, al que calificó como "una indiscriminada cacería humana en manos de muy pocos". (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Redacción: Paulo Giacobbe
💻 Textuales: Diego Adur/Luis Angió
💻 Edición: Martina Noailles/Fernando Tebele
📷 Foto de portada: Captura de pantalla transmisión de La Retaguardia


El ex jefe del Ejército, General Retirado Martín Balza, reconoció que en Campo de Mayo funcionó un Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio, y que lo supo mientras revistaba en esa guarnición. Balza declaró como testigo por parte de la defensa en el segundo tramo del juicio por la represión a la Contraofensiva Montonera y señaló al General Domingo Bussi como uno de los responsables de El Campito, que funcionaba dentro de la guarnición militar. El General Santiago Riveros, acumulador serial de condenas, quien goza del beneficio de la prisión domiciliaria, también fue señalado por Balza como máximo responsable. “En la oportunidad que se han referido yo no estaba en Campo de Mayo, no tengo la más mínima idea de quiénes revistaban en el Destacamento de Inteligencia 201”, se precipitó a aclarar el testigo, que dijo haber estado como Jefe del Grupo de Artillería III en Pazo de los Libres entre diciembre de 1979 y julio de 1982. Dentro de ese período, fueron conducidas a esa ciudad personas secuestradas en Campo de Mayo; la finalidad era que, bajo tortura, identificaran a sus compañeros y compañeras que regresaban al país por esa frontera. Balza luego fue a las Islas Malvinas.  

Lisandro Sevillano, el abogado defensor de Mario Guillermo Ocampo, único imputado de este tramo, comenzó el interrogatorio. Martín Balza dijo que desde principios de 1978 fue destinado a la Escuela de Artillería de Campo de Mayo como Jefe del Departamento de enseñanzas hasta agosto o septiembre de 1978. En esa corta estadía fue designado dos veces como Jefe de día. “Es un servicio que normalmente se establece en guarniciones que tienen dos o más unidades, Campo de Mayo tenía muchas unidades. Se designa un Jefe de día, la misión era normalmente entre retreta y diana”, y aclaró el significado de la última frase: silencio y tomar contacto con todas las unidades. Dijo que tomó conocimiento de la existencia de un “Lugar de Reunión de Detenidos (LRD)”, el eufemismo militar utilizado para maquillar los Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio. Pero aclaró que no fue mientras era Jefe de día. Carraspeó. Aclaró que era un resfrío y no Covid-19, y dijo que se enteró de la ubicación exacta en la escuela, por algunos comentarios: “no en la zona de cuarteles, bien en el centro del campo, al cual los jefes de día teníamos prohibido entrar. Ese lugar no se podía recorrer ni tomar contacto telefónicamente, por radio, ni mucho menos personalmente”. De ese modo, Martín Balza reconoció la existencia del centro clandestino El Campito, su ubicación exacta, ya sea por comentarios o por la prohibición de acercarse, pero al mismo tiempo se situó ajeno a los crímenes que ahí ocurrían. Tuvo tiempo para las anécdotas y recordó que un Teniente Coronel fue sancionado por haberse acercado a la zona prohibida. Otro Teniente Coronel, que estaba en el Centro Clandestino, le prohibió la entrada: “No me acuerdo el nombre”, aclaró presuroso ante cualquier posible pregunta. 
Tampoco quiso decir quién era la persona que insistió en ingresar a El Campito. “Si es necesario doy el nombre pero no quisiera por respeto a la familia, era un sólido oficial”. Sevillano dijo que no era necesario. Entonces intervino el abogado querellante Pablo Llonto diciendo que tenía que dar el nombre.  


—Teniente Coronel Lora Díaz —soltó finalmente Balza—, excelente oficial del arma de artillería. 
“Esos lugares, esos centros de reunión de detenidos, desaparecieron” fueron destruidos en el año 1979 declaró el ex jefe del ejército, dato que se enteró en el juicio a los comandantes.

Un cálculo matemático errado 

La fiscal Gabriela Sosti indagó sobre los comentarios que realizaban sobre los lugares de reunión de detenidos. Y se encontró con una declaración matemáticamente a la baja. 
Así como se comentaban los partidos de fútbol los lunes, también se comentaban otras cosas, podía ser en la Escuela de Artillería o en una cena. “En esa época, llegó a ser una lucha de clandestinos contra el clandestino porque el Ejército no actuaba como una cosa orgánica. El 80% del Ejército no tuvo la más mínima participación en esto... al contrario, no actuaba encapuchado”. Para Balza, durante el terrorismo de Estado, el grueso del Ejército actuó bien. Incluso dijo que en un control de ruta se pedían los documentos con respeto. Situación por demás increíble Pero luego dirá algo más increíble teniendo en cuenta que fue citado por las defensas: “Hubo un pequeño grupo del área de inteligencia, que tenían actividades clandestinas. No comentaban lo que ahí hacían. Nadie decía que había una patrulla para robar propiedades, robar bebés, torturar, tirar gente viva o muerta desde los aviones, eso no lo comentaban. Estaba totalmente tabulada los que estaban afectados a actividades como esa particularmente en los Centros Clandestinos de Detención”. El imputado en esta causa, Mario Guillermo Ocampo, fue integrante del Destacamento de Inteligencia 201 del Ejército de Campo de Mayo. “No quiere decir que todos los hombres de inteligencia estuvieran en algunas actividades incorrectas, pero sí era el área que tenía responsabilidad primaria. Eran clandestinos contra clandestinos”, repitió. 

“¿Para qué se usaba el área de Inteligencia?”, preguntó la fiscal Sosti, y Balza habló de su trabajo en los democráticos años 90, reconociendo que realizaron “inteligencia táctica y estratégica, inteligencia operacional”. Marcó una diferencia en cuanto a la violencia utilizada: “No inteligencia para patear puertas como fue, lamentablemente, durante ese período. Es muy conocida la forma en que se procedía. Es conocido cómo se desvirtuó la esencia de lo que tuvo que ser. En algunos casos, fueron muy pocos, pero el daño fue mucho”


Quema de archivos 

“El martes 25 de abril de 1995, el Ejército envió un mensaje institucional a la sociedad: una parte decía, en el Ejército no hay listas de ningún tipo. Se revisaron todos los cuarteles. Nadie encontró absolutamente ninguna lista. Si existieron, como yo creo que existieron, no llegaron por la sencilla razón que, creo, el 22 de noviembre de 1983, días antes de que asumiera Alfonsín, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, que era el segundo de la Fuerza, general Calvi, mandó una orden concreta del general Cristino Nicolaides que debía destruirse toda documentación relacionada a lalucha contra la subversión’. Todo. Dimos vuelta todo el Ejército y no apareció nada. Es decir, se quemó todo. ¿Puede haber documentación? No lo descarto, pero en el marco del Ejército todos firmaron que habían dado vuelta el cuartel”. Estaba prohíbo emplear la palabra guerra contra la subversión, entre los documentos que pudo ver en esa época, se escribía lucha contra la banda de delincuentes subversivos o lucha contra la banda de delincuentes terroristas. Luego de la ley de autoamnistía se empezó a utilizar lucha contra la subversión. “Los primeros subversivos fuimos los militares que se prestaron a los golpes de Estado cívico-militares. No hubo nada sucio, porque la guerra es sucia. Hubo una indiscriminada cacería humana por parte de muy pocos”.

La Perla

El presidente del Tribunal,  Esteban Rodríguez Eggers, repreguntó sobre los motivos de la quema de documentación. “No sé lo que habrá pensado el general en Comandante en Jefe” pero “habría muchas cosas que podían dejar pegados a muchos, muchas cosas incorrectas”, respondió Balza y se refirió en términos coloquiales al robo en las viviendas: “a este le hicieron el departamento”, se decía para significar que le habían robado todo, solo “le dejaron las paredes”. Vale aclarar que en muchos casos también fraguaron escrituras y se robaron hasta las paredes. “Nadie va a contestar una violación sexual”, continuó el ex jefe del Ejército y sin nombrarlo, se refirió a Ernesto “Nabo” Barreiro, ex Teniente del Ejército y ex jefe de la Primera Sección Ejecución y jefe de interrogadores del Grupo de Operaciones Especiales del Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio La Perla en Córdoba, quien calificó a las violaciones sexuales como relaciones sexuales consentidas. “Nadie contaba yo torturé, yo asesiné, yo tiré vivo o muerto a alguien”. 

Cuerpos y nombres 

Llegó el turno de las preguntas de Pablo Llonto. Luego de hablar de unas reuniones que Balza dijo tener de manera casual con Marcos Zucker que le pidió por su hijo desaparecido, el ex Jefe del Ejército habló de los medios de comunicación de El Campito con el interior de Campo de Mayo: “creo que tendría algún enlace, porque si pasaba cualquier cosa estaba más o menos a ochocientos, novecientos metros, pero tendría que tener”. Ante la pregunta sobre los vuelos de la muerte que salieron de Campo de Mayo dijo no haber escuchado nada. 

—Como representantes de familiares desaparecidos no podemos dejar de preguntarle, usted hizo una referencia concreta a un oficial del Ejército que le dijo a usted que él no había participado  en el tema robo de bebes, pero que sí, no le preguntara sobre otros delitos. Por lo tanto tenemos obligación de preguntarle quién es ese oficial.—quiso saber Llonto. 
—Ha muerto hace muchos años—respondió Martín Balza. 
—igual necesitamos su nombre— insistió el abogado querellante. 
—Si recuerdo el nombre se lo hago llegar—evadió Balza aclarando que había dos o tres suboficiales con el mismo nombre. LLonto no le había preguntado por la cara de una persona, sino por un nombre, si era el mismo, aunque fueran dos o tres… era el mismo. Rápidamente Balza cambió de tema: “Le puedo decir otra cosa. En una oportunidad, cuando cavaban en Campo de Mayo buscando cadáveres yo lo llamé al General retirado Omar Riveros, está vivo. Lo llamé y le dije señor General, nosotros estamos sometidos por la justicia y con razón, a que van a Campo de Mayo buscando cadáveres”. La búsqueda era por el cuerpo de Mario Roberto Santucho y Benito Urteaga, dijo. 

“Los cadáveres de Santucho y Urteaga estuvieron en el Hospital Militar de Campo de Mayo. Estuvieron ahí. Y según contaban después, ya le digo, estaba en Lima, volví un año y medio después... contaban que muchos los vieron porque iban a Campo de Mayo y no sé, los mostrarían como trofeos. No sé, no sé... lo vieron varios. Y luego desaparecieron... Desaparecieron. Se robaron el cadáver de los dos...Desaparecieron”, relató Balza en ese rodeo de evadir el nombre solicitado por Llonto. “Y yo lo llamé al General Riveros y le dije por favor  dígame a mi donde están los cadáveres, yo me presento a la justicia. Ojo que cuando yo lo llamaba este hombre estaba indultado, no tenía atribuciones para contestarme nada y no me contestó. Solo me dijo "Yo no estaba en esos detalles". Por más estúpido que puedo ser, por supuesto que no le creí se lo dije, pero no tenía obligación de decirme. Ni se lo dijo nunca a nadie”.

—Balza, perdón, insisto con la pregunta, aunque sea un apellido común, de ese oficial al que usted le preguntó el tema de si había cometido robo de bebés —volvió el abogado querellante a preguntarle cuando el ex jefe del Ejército terminó de contar sus diálogos con Riveros en relación al museo macabro de Campo de Mayo y los cuerpos de Santucho y Urteaga.
—No, no es que no quiera contestar. Estoy pensando, tengo dos o tres que no son hermanos entre ellos... —el carraspeo de Balza fue demasiado notorio en esa respuesta, hasta que al final pudo dar un apellido: Minicucci. “Ha fallecido. Tuvo la dignidad de decirme que no y no tenía nada que ver” Aclaró que no se refería al “Minicucci que ya tiene condenas”.

Hábil declarante 

Al cierre de la transmisión, Pablo Llonto habló con El Diario del Juicio y se refirió al rol central de Inteligencia del Ejército y la declaración de Balza: “Cada 5 años dice algo… admitió la existencia del centro clandestino en Campo de Mayo. Es un hábil declarante. Cuando se ve acorralado por la verdad busca salir para otro lado. Sabe mucho más de lo que contó y creo que lo tiene que decir. El aporte que tiene que dar de una vez por todas es decir todo lo que sabe de un tirón”. 
El abogado consideró que fue importante la declaración en cuanto a las responsabilidades de los integrantes de Inteligencia en el plan represivo. La gran duda es porqué lo citó la defensa. Llonto supuso que Ocampo se acordaría de él. Había sido su alumno en la Escuela de Guerra, pero Balza a duras penas lo reconoció, por lo que difícilmente pudo dar una buena referencia. “A veces se olvidan de las cuestiones que tienen que ver con todo lo demás, todo lo que dijo Balza de antes de conocerlo a Ocampo, que todo eso nos sirve a nosotros muchísimo, sirve para la acusación. Pero a veces piensan que el testigo está para declarar lo que a ellos les conviene”.
La semana que viene se podría entrar en la etapa de alegatos. Dependerá del tribunal de Casación de acuerdo a un pedido del abogado defensor, quien rechazó la incorporación de los testimonios por lectura.  


*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

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