martes, 27 de octubre de 2020




Con citas de Dios y San Martín, el imputado Eduardo Ascheri amplió su indagatoria antes de que comiencen los alegatos. Dijo que no estaba en Campo de Mayo durante la represión a la Contraofensiva. Su legajo lo desmiente, pero él desmintió a su legajo. Fue Jefe de la División Planes del Departamento de Inteligencia (G2) del Comando de Institutos Militares de Campo de Mayo. Violó varias veces su domiciliaria durante el juicio y el tribunal le limitó sus salidas a la manzana de su departamento de Belgrano. (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Texto 👉 Martina Noailles

💻 Edición  👉 Fernando Tebele

📷 Fotos 👉  Gustavo Molfino y Flor/El Diario del Juicio


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☝ ☝ Ascheri lee su declaración durante la ampliación de la indagatoria 
📷 Gustavo Molfino/El Diario del Juicio


La cámara del celular enfoca a un hombre de barba candado, morocho, con anteojos, de unos 40 años. Después se ve el techo, sus molduras, una lámpara, el marco de una puerta de madera, dos cuadros. La imagen no se queda quieta y los jueces empiezan a impacientarse. Finalmente, aparece el imputado, aunque sin audio. A Eduardo Eleuterio Ascheri sólo se le ven los ojos; con suerte la nariz. El presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers, le pide que aleje la cámara para verlo mejor. Mientras se acomoda, le recuerda que, como es habitual en las indagatorias, no está obligado a decir la verdad. Es un hombre canoso, de bigotes blancos y una camisa caqui que aparece en primer plano porque la cámara está ubicada en contra picada y a la altura de su panza. Así se lo verá la media hora que le tomará leer lo que preparó para esta audiencia, la número 50 de un juicio oral que ya está llegando al final de su etapa testimonial. Ascheri es uno de los seis acusados por delitos de lesa humanidad que quedan vivos en esta causa. En al menos dos ocasiones se lo fotografió y filmó dando un paseo por el barrio, violando los límites autorizados por la Justicia. Gustavo Molfino también lo cruzó antes de una audiencia tomando un café en un bar cerca del tribunal. Desde entonces, sólo puede salir a caminar alrededor de la manzana en la que transcurre su prisión domiciliaria. 

“Excelentísimo tribunal, en primer término voy a hablar brevemente sobre mi formación civil y militar”, comienza con voz áspera el Teniente Coronel retirado Ascheri, en la víspera de su cumpleaños 86. Al igual que en su declaración indagatoria de 2014, las primeras líneas de su relato hacen referencia a sus inicios en la Acción Católica Argentina casi ocho décadas atrás. Desde entonces, dice, las vocaciones religiosa y militar serán el eje de su vida. Incluso escribirá un “decálogo del amor humano” y comprenderá que “todo el mal por más pequeño que se haga al prójimo, se lo está haciendo a Dios, porque él lo manifestó a los hombres”. Mientras Ascheri lee, el chat de la transmisión de la audiencia se carga de frases de indignación de los familiares y los sobrevivientes que presencian el juicio de manera virtual.

Según consta en su legajo, Ascheri fue Jefe de la División Planes del Departamento de Inteligencia (G2) del Comando de Institutos Militares de Campo de Mayo desde el 16 de octubre de 1978 hasta el 16 de octubre de 1979. En la causa está acusado de 33 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, en 27 de esos casos doblemente agravado, seis allanamientos y 29 homicidios. Durante toda la indagatoria insistirá en que hay un error en su legajo y que, por ende, es inocente. 
El Departamento de Inteligencia del Comando de Institutos Militares era la cabeza de las tareas de represión, tal cual lo confirman las sentencias contra Ezequiel Verplaetsen, quien manejaba ese Departamento y, por ende, los centros clandestinos de Campo de Mayo en 1976 y 1977. Las dos divisiones que tenía el Departamento de Inteligencia (División Planes y División Contrainteligencia) fueron relevantes para que pudiera desarrollar la ejecución de las actividades propias de inteligencia, proponer el reclutamiento y despliegue del personal, y para realizar las actividades de investigación que expresamente se le ordenaran. Es decir que ejecutaban los procedimientos para la reunión de información, y para proporcionar refuerzos y apoyo a otras unidades de inteligencia. 
Esa División Planes no podía hacer sus tareas sin el aporte y colaboración de la Jefatura II de Inteligencia del Estado Mayor General del Ejército, y del Batallón de Inteligencia 601, la que fue canalizada por sus integrantes para que pudieran llevarse a cabo las privaciones de la libertad, torturas o asesinatos y  alojamiento de los detenidos en los centros clandestinos de detención dependientes de Campo de Mayo. 
Toda esta información es parte de la acusación que determinó el procesamiento de Ascheri en 2014, por parte de la jueza de instrucción Alicia Vence. 



☝ ☝ Ascheri llegando al juzgado de San Martín en 2014 para dejar un escrito con su primera declaración.
 📷 Flor/El Diario del Juicio


Porque es un buen compañero

El texto que preparó también se encarga de enarbolar el nombore del General José de San Martín. Dos semanas antes, como testigo, el General retirado Heriberto Justo Auel había acomodado la palabra del Libertador para sostener argumentos negacionistas. En este caso, Ascheri compara sus propios principios con los de San Martín a quien “siempre tuve como referente (…) ya que jamás usó las armas contra sus propios hermanos de la patria”.
El juez Esteban Rodríguez Eggers lo interrumpe. Es que la cámara de su celular nuevamente enfoca al techo. “Se ve más la luz que usted”, le indica. Ascheri acomoda y sigue. Esta vez, avanza en la disciplina y en la existencia de los Tribunales de Honor que, según su interpretación, “imposibilitan que algún superior o subalterno imparta órdenes que vulneren las leyes militares, nacionales o internacionales, obligando a promover que la justicia militar instruya el sumario correspondiente y se juzgue al imputado ante los tribunales de honor. Ahí comprendí que en la carrera militar nunca existió la obediencia debida” reflexiona y, sin hacerse cargo de la imputación en su contra, asegura: “Si mientras estaba en actividad hubiera tomado conocimiento de que alguien estuviera cometiendo un delito de cualquier naturaleza, no lo hubiera permitido”. A quien le quepa el sayo, que se lo ponga.
Antes de entrar al punto sobre la “injusta imputación y sus injustas dolencias”, Ascheri le recuerda al tribunal sus bondades: “Mi mayor premio no fue haber llegado a Teniente Coronel, sino haber sido elegido como el mejor compañero de la promoción 1955”, dice y refuerza con una nueva cita religiosa. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, no hay otro mandamiento más grande que este”.
Dicho esto, el ex miembro de inteligencia del Ejército se zambulle en su defensa más concreta. “Cuando fui llamado ante el juzgado el 6 de marzo de 2014, y suponiendo que era una notificación por un trámite o para ser testigo de algún hecho, concurrí sin ningún abogado sorprendido en mi buena fe por estar imputado de un delito de lesa humanidad”, repasa tal como le indica el texto que asoma de vez en cuando en cámara. 
También señala que “había una contradicción entre el cargo y mi desempeño y función, ya que un oficial con un curso de inteligencia no es un oficial de Estado Mayor”. En medio de los argumentos, el imputado suma datos sobre el deterioro de su salud y la de su esposa en el transcurso del proceso judicial. Reclama su excarcelación. Reitera una y otra vez su inocencia. 
“Se me acusa que estuve planificando las supuestas operaciones de secuestros de personas. Y de abril a octubre del 79 haber detenido a personas en sus domicilios, trasladarlos a Campo de Mayo, donde los torturé, los maté y los tiré al mar. Sin embargo, mi legajo prueba lo contrario”. Ascheri lee su defensa escrita a máquina. Dice que las fechas no coinciden. Que en noviembre de 1978 fue enviado desde Institutos Militares a Zapala por la amenaza del conflicto bélico con Chile, que regresó en febrero de 1979 y que no volvió al Comando hasta el 16 de octubre de ese año. Sin embargo, este traslado no consta en su legajo.

“No participé bajo ninguna modalidad de ningún delito aberrante, tampoco me cabe responsabilidad objetiva alguna ya que por el grado y capacitación que ostentaba al momento de los hechos que se me imputan no podría tener acceso a conocer lo que estaba ocurriendo en la jurisdicción durante el corto tiempo que presté servicios”, asegura con firmeza. Su objetivo es convencer al tribunal, pero no está obligado a decir la verdad. 
La cámara del celular lo sigue enfocando desde abajo mientras pasa las páginas. Su voz carraspea. Llega a la última página:  “Por mi conducta y mi honor, un solo día de condena impuesta injustamente significa mi destrucción personal y la de mi familia que debe soportar la pérdida de honorabilidad de su padre. Siempre he sido y seré respetuoso de las reglas de la justicia. Mi última esperanza es que este tribunal haga justicia”. Ascheri no responde preguntas. Su indagatoria llega al final. 

 
*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

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